RELATO DEL DÍA DE SAN MATEO

        Cuando el viernes por la tarde hacíamos los últimos preparativos en el prau de la fiesta, un fuerte chaparrón nos caía encima; ni un claro, ni una estrella. Los peores presagios caían un año más encima de nuestra fiestina.

         A la mañana siguiente amaneció en la misma tónica; ¿nos aguantará para la subida al Porru? A las 8.55 retumba un volador; cuatro intrépidos suben camino de la capilla con mochilas. En ellas tres voladores, una botella de sidra (vaso debidamente protegido y sacacorchos), tarjeta de cumbres y bolígrafo para firmar. No hace falta más para encaramarse a esta montaña que nos recibió con los primeros claros del día. Disparamos los voladores que allí arriba resuenan hasta el infinito (nos escucharon en Arenes de Parres), tomamos un culín de sidra que alivia las gargantas resecas y, sorpresa, el azul va ganando terreno a la nube.

        De regreso a la capilla una luz espectacular, filtrada entre las hojas de los árboles lo inunda todo; a ver si aguanta hasta la procesión. En la misa el prau de la capilla se llena de gente, de amigos. Murmullos, gaita y tambor. San Mateo sale a al calle, detrás un hermoso ramu, adornado la tarde anterior por expertas manos de mujer, entre ellas las de Inma, venida desde Sevilla para la ocasión. ¡Vaya sol que hace cuando llegamos al prau de la fiesta!; subastamos el pan y tomamos las primeras botellas de sidra. Un bonito bar nos asiste; este año lo instala Patricia, que además organiza una estupenda carrera de cintes a caballo. Si aguantara la tarde sin llover...

        Cuando acabamos de comer (boronchos, arroces, empanadas,...) volvemos al prau, los caballos trotan de aquí para allá y enganchan las primeras cintas (aplausos), sigue sin llover y la gente se agolpa alrededor del prau de Antonín. Al mismo tiempo alguien enciende un fuego (no debería llover para la costillada, comenta el personal); en pocos minutos hay brases para asar los más de setenta kilos de carne y chorizo. Un diez para los parrilleros, cómo cenamos de bien (y encima gratis, la gente de fuera no se lo creía). Para colmo sigue sin llover.

        Las primeras notas salen del escenario, empezamos a bailar y ya no pararíamos hasta más allá de las cuatro de la madrugada. Entre medio, unos fabulosos fuegos artificiales se encienden en un cielo plagado de estrelles; ni una nube. A las cuatro, cansado, cierro la puerta de casa, una ligera brisa mece las banderas en las calles del pueblo, lo hemos pasado muy bien, miraras donde miraras sólo veías amigos.

        Ah, y no cayó una gota de agua en todo el día. Por fin; ya nos merecíamos un día así de especial. El año que viene veremos.

Paco (Presidente de la Comisión y alcalde de Barrio)

NOTA.- En unos días incluiremos algunas fotografías,    verlas aquí