LA XANA DEL DOBRA

                Hace muchos, pero que muchísimos años, moraba una xana en la Olla de San Vicente.

                Al alba, se sentaba en la peña del centro y allí se pasaba el tiempo peinando su larga melena rubia con un peine de plata, mientras abrevaba un rebaño con las más hermosas vacas y xatos que imaginarse pueda. A medida que el sol asomaba entre los montes y comenzaba a iluminar las aguas de la Olla, las vacas se iban retirando y se perdían entre la bruma. Antes de que el sol disipara la neblina, xana y ganado habían desaparecido.

                Un lugareño acertó a pasar por la zona antes de amanecer y observó el espectáculo

         Más que por la belleza de la xana, el hombre, al que llamaremos Xuacu, estaba  interesado por el hermoso ganado que allí se veía y se atrevió a pedir al hada cómo podría hacerse con algún ejemplar de tanta prestancia.

     La hermosa dama, le contestó, que le regalaría la vaca que eligiera si conseguía adivinar cómo ella se llamaba, pero tenía que mantener el secreto de su relación y le daría un mes de plazo para lograrlo.

     Día tras día, regresaba el hombre a la Olla de San Vicente señalando los más variados nombres, pero no lograba acertar con el de la bella antes de que el ganado desapareciera entre la neblina.

                Llegó el último día y nada lograba el buen hombre. El rebaño se retiraba y únicamente quedaba rezagada la más hermosa de toda la vacada. Y Xuacu gemía y se lamentaba: "Ay, que no consigo la vaquina. Ay, que se ya se marcha. Ay, que ya te quedas SOLA"

                "Oh, nunca creí que lo adivinarías, efectivamente, me llamo SOLA"

                Y de aquella vaca de la xana, derivan las vacas de la razas asturianas.

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                Esta leyenda me la narró mi abuela, Josefa Vega Granda, la esposa de Lalo, que a ella se la había contado, a su vez, su abuela; a la que igualmente ya se la habían narrado hacía mucho tiempo.

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                SOLA, vivía en la Olla de San Vicente. Allí se la podía ver en las madrugadas de la primavera, antes de que el sol diera en las aguas. A través del Arco Iris que se formaba en la bruma matinal, se adivinaban sus largos cabellos de oro. Pero la hemos espantado y desapareció de este lugar.

                Cuando se instaló, aguas arriba, una acometida de aguas para Cangas de Onís, se amplió el camino que lleva hasta San Vicente. El paraje fué invadido por las huestes urbanas que destruyeron el encanto natural, por medio de gritos, ruidos y algaradas. SOLA, abandonó el estanque y nunca más se la volvió a vislumbrar en este lugar del que incluímos unas fotografías..